En la antesala de una nueva crisis financiera mundial, los inversores van en busca del refugio dorado
Cuando una familia, una empresa o un país enfrentan serios problemas de deuda -que ponen en peligro su estabilidad presente y futura- es deseable que los responsables se unan para encontrar soluciones que eviten quedar al borde del abismo.
Y, si esos vencimientos están a la vuelta de la esquina, es necesario que éstos actúen contrarreloj.
Más aun, si los problemas que acosan a una nación, ponen en peligro el futuro de toda una región.
Al principio el miedo al colapso se centraba en Grecia. Luego se sumó Irlanda y Portugal.Más recientemente las alarmas comenzaron a sonar en Italia.
Como si esto fuese poco, los temores ahora se extienden al otro lado del Atlántico.
Ni más ni menos, a la principal potencia mundial -Estados Unidos- que se encuentra “contra las cuerdas” por sus graves problemas de endeudamiento.
Hasta suena raro escuchar la palabra default asociada a ese país, habida cuenta de que sus bonos siempre fueron catalogados como “libres de riesgo” y han sido tomados como referencia mundial.
Más allá de que no se llegue a esa instancia, la sola mención ya preocupa.
Al borde del precipicio
La punta del iceberg que dio lugar a que en el mundo se vuelva hablar de una nueva crisis global -luego del colapso de hipotecas norteamericano- fue Grecia.
Inmersa en una deuda imposible de afrontar, el país se vio obligado a solicitar un salvataje en carácter de urgente, por una cifra “abismal”. Claro está, que este tipo de ayuda no es gratis.
A cambio de 110.000 millones de euros, la Unión Europea (UE) le exigió un programa de ajuste de muy difícil cumplimiento que, como era de esperar, derivó en un caos social.
Es que el mismo implicaba recortes de salarios, suba de impuestos y despidos de personal del sector público, algo muy difícil de digerir para un país cuyos habitantes, durante años, se habían acostumbrado a vivir “de fiesta”.
Así las cosas, hoy se debate entre la vida y la muerte (en términos financieros) y el ”suero” que le permite mantenerse consciente son las inyecciones de dinero suministradas -de a tramos- por los organismos internacionales.
Con el paso del tiempo el “telón se fue corriendo” y el mundo fue tomando nota de que no sólo Grecia estaba al borde del abismo.
Portugal, Irlanda, Italia y España (el resto de los llamados PIIGS), en mayor o menor medida, también enfrentan serios riesgos.
De todos ellos, el más complicado es Irlanda, que debió requerir asistencia por 85.000 millones de euros. En este caso, el origen de la crisis resulta ser su endeble sistema bancario.
Y su situación es tan crítica que la agencia Moody’s catalogó, días atrás, de ”bonos basura”a sus títulos, lo que representó un duro golpe para esa nación y el retiro de sumas millonarias por parte de inversores.
Otro de los complicados es Portugal, que pidió oxígeno por unos 78.000 millones de euros para poder mantenerse a flote, a cambio de la promesa de aplicar un fuerte programa de ajuste, al igual que Grecia.
Se estima que, como consecuencia del mismo se perderán 100.000 puestos de trabajo, que agravarán un desempleo que hoy se encuentra en un índice récord (12,6 por ciento).
También Italia enfrenta una situación más que compleja, con una deuda que se ubica en el 120% de su PBI.
Según expertos internacionales el país de Berlusconi necesita pedirle al mercado alrededor de la mitad de los 222.000 millones de euros que tenía planeado tomar este año.
Estados Unidos ¿libre de riesgo?
En el país de Obama, los problemas son “superlativos”.
Para Washington el inconveniente radica en que el 2 de agosto el Gobierno debe pagar los intereses de varios de los bonos.
Es por ello, que antes de ese día, el Congreso deberá aprobar una expansión en el límite de deuda permitido que hoy llega, nada más y nada menos que a los 14,3 billones de dólares.